Son múltiples los factores que intervienen en la presencia y permanencia de la
obesidad, de entre ellos se encuentran los aspectos genéticos, el sexo, el ritmo
alimentario, el ejercicio físico, el sedentarismo y la naturaleza de los alimentos,
entre otros.
Los genes influyen de manera decisiva en la determinación del índice de masa
corporal (IMC) y en la distribución corporal del tejido graso. El fenotipo de obesidad se transmite de padres a hijos de acuerdo con el género, de donde se
pueden establecer por lo menos cuatro grupos fenotípicos según el sitio
predominante de acumulación de grasa: 1) generalizada, 2) androide, 3) visceral y
4) ginecoide (Vargas, 2002).
Con respecto al sexo; las niñas desde el nacimiento, poseen más grasa que los
niños, en la pubertad la parte adiposa del peso corporal pasa del 18% al 25% en la
mujer y del 12% al 18% en los hombres. Marcos (2007), mostró mediante un
estudio realizado en adolescentes que, existe una mayor frecuencia de obesidad
central en mujeres que en hombres. Aunque también Sotelo y col. (2005) después
de estudiar población de Sonora, refieren que no existen diferencias significativas.


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